miércoles, 25 de febrero de 2009

lunes, 23 de febrero de 2009

Mis Pasos Sobre La Lluvia


Hoy fue un día cotidiano.. Nada de lo que paso puede ser catalogado como fuera de la rutina, como fuera del tedio constante, de la cuadrícula en la que se convierte a veces mi vida de estudiante.

Me levanté aperezado como todos los lunes, me dormí en el baño y se me hizó un poco tarde por este motivo. Llegue al colegio y tuve una mañana corriente, con los altibajos de ánimo que me caracterizan. La alegría de encontrarme con mis amigos, de hablar con ellos en el descanso, de compartir con personas realmente increibles.

Amigos de verdad, amigos con los que puedo hablar de temas cotidianos, y temas que para mi son elevadísimos. Amigos en los buenos y en los malos días, de los caros y de los baratos. Pero esta alegría contrasta con el tedio que siento por estar en el colegio, recluido entre las cuatro paredes de mi salón de clases y en ese edificio con forma de prision que me genera amores y odios. El colegio ejerce muchísima presión en mi. Presión que me ha forjado como la persona (buena o mala) que soy, y es parte de mi temperamento bipolar.

Prueba de esto, es mi conducta en la clase de Ciencias Políticas, donde se presentan debates con gente que no quiere debatir, sobre temas en los que casi nadie esta interesado. Se han convertido en una ocasión para zanjar disputas, resolver rencillas, y "desquitarme" de mi vida cotidiana y de personas que me caen mal. No me siento orgulloso por "tirar a matar", pero siento que es parte de mi esencia... ¿y quién dijo que uno tiene que ser bueno todo el tiempo?

La tarde fue extraña. El examen de física me dejó sudando literalmente, tratando de hacer esfuerzos enormes para que mi mente sirva para lo que no sirve: los números. En clase de cálculo, por fin pude abrir el libro al que miraba con tanto deseo, que reposaba sobre mi mesa de noche, y que con ojos de niño me invitaba a meterme en sus historias: Guerra y Paz de Tolstoi.

Luego, llegó la reunión del parque, y con ella, un dolor de oído infernal, que tuve que soportar durante toda la reunión, pero que pasó justo cuando terminamos de trabajar. Juan Valdez, sillas incómodas, lluvia, frío, hambre y sueño. Y me "agarró" la pensadera, la misma que no me suelta desde hace semanas, la misma que me hace amar y temer al tiempo. Pensar en que por amor, un hombre es capaz de hacer cualquier cosa, en ilusiones que vuelan y en corazones que se desvanecen como el humo... y luego...

Silmaril, uno de los sitios mas cool de la ciudad. Lleno de raros y de "gente x" como diría una de mis exnovias... pero un lugar donde he pasado momentos muy felices, tardes de pláticas agradables con amigos, amigas, novias... Con un ambiente amigable y familiar, y con una decoración hecha para raros... es el sitio perfecto para alguien como yo.
Y fui con Pao a jugar una partida de crucigrama... El plan perfecto, divertido, interesante... pero no se que me pasó. Llegó otra vez mi personalidad bipolar a hacer estragos, y de la euforia llegué directamente al aburrimiento. No resistía un segundo más allí. Los recuerdos de esos momentos se tornan grises sin saber por que.

Por último, el camino a casa. Otra vez la pensadera, sumado a los recuerdos grises de Silmaril, y mientras tarareaba una canción de Air Supply, comencé a pensar en mis pasos, mis pasos bajo la lluvia. Es un gusanada irrelevante para muchos, menos para este gusano que comenzó a pensar en lo poetico de sus pasos bajo la lluvia que caía, y sobre los charcos de agua en las aceras. El sonido de mis pies contra la armonía tan perfecta del agua, que hasta en la suciedad del asfalto sigue siendo armonica, transparente y vital.

Y la lluvia, que es poesía pura, poesía en el aire, poesía que llueve de las nubes y humedece con frescura el espíritu del hombre. Cosa sencilla que puede hacer feliz a alguien un momento, o envolver en un manto de nostalgia y de melancolía todos los sentimientos.
Al llegar a casa, encontré la noticia de que mi abuela había seguido enferma, y que habían tenido que llevarla a la clínica. Afortunadamente, ya habia regresado para cuando yo llegue, y se está mejorando en este momento. Esto me llena de preocupaciones, tanto así que no queda otra opción que deshaogarse escribiendo. Un día común, excepto por mis pasos sobre la lluvia. Pensándolo bien, hoy no fue un día cotidiano.