miércoles, 3 de febrero de 2010

Una carta de amor...


En mi vida, hasta ahora, solo he escrito una carta de amor... Una sola a pesar de las muchas historias que hay escritas en mi corazón. Transcurrían mis días de colegio, y entre las clases y los timbres, los uniformes y cuadernos, iba surgiendo una ilusión alimentada por poemas que aparecían tras la fría pantalla de mi celular. Palabras que encienden las hogueras y también las apagan, palabras que pueden significar la vida o la muerte, palabras que construyen el mundo y llevan a su colapso... Mediante palabras, quise expresar la enorme riqueza de ese sentimiento casi infantil, la inocencia y la pureza de una idea que en ese momento representaba el amor.

La idea de la carta surgió de una mezcla de incertidumbres, pues a pesar del corto tiempo, parecía haber más monedas de un lado de la balanza (del mío por supuesto), donde abundaban mensajes, llamadas e invitaciones a salir. De modo que la carta sería la solución perfecta! Sería una forma ideal de expresar mis sentimientos en la relación.

Entonces, me dispuse en una de las aburridas clases del colegio, a decorar la márgen de una hoja de cuaderno. El diseño consistía en diferentes dibujos, de varios tamaños y formas, todos ellos muy abstractos, que tomaban vida con las delicadas lineas del micropunta negro. Cubos, rombos, círculos, corazones (por supuesto), caras felices, polígonos y formas más abstractas, inspiradas en la naturaleza, darían vida a la márgen de mi epístola.

- Eso tan feo! - Decía con orgullo mi amigo el buen dibujante. Con la inseguridad propia de mis 15 años contesté:
- Oe, hágamele un dibujo para que quede bonita -
La respuesta fue rotunda:
- Es mucho más especial para ella si la hace usted -
Tenía razón. ¿En qué estaba pensando? ¿Hasta donde me habían llevado mis inseguridades? Lo valioso es la acción, el puño y la letra, el esfuerzo depositado en un solo pensamiento... es el movimiento lo que realmente cuenta, el paso de la potencia al acto, la materialización de una emoción.. Eso es una carta de amor..

Después de dos días de colegio, terminé la dichosa márgen. A mi me parecía estéticamente presentable, aunque mis amigos insistían en que era muy fea. Ahora, llegaba lo más importante.. el contenido de la carta..¿Qué se supone que debe decir o no decir una carta de amor? Deje que mi corazón hablara, apagué el cerebro por un momento e hice a mis manos herramientas del sentimiento profundo que me consumía. Así nació la carta, con su título de 4 letras, con la mejor caligrafía que pude entregar y con un mensaje totalmente ajeno al que al principio pensaba, pues, tal como afirma Rousseau, uno de mis filósofos políticos favoritos, pero que también pensaba en otros campos de la vida. Él expresa:
"Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho."

En todo caso, la di por terminada. Era un Sábado en la noche y me encontré con mi novia en un sitio concurrido de la ciudad. En plena zona rosa, saludándo amigos, decidiendo que hacer y como hacerlo, me dijo que no quería fiestas y que tenía ganas de hablar. Terminamos yendo a cine un rato, nada mejor para distraer la mente y hacer crecer las expectativas del momento de la entrega de la carta. Ese sería el final, sería el evento que cerraría con broche de oro una noche sublime entre mi novia y yo. Después de la película, mala por cierto, nos dirigimos a tomar café, a un sitio que todavía recuerdo por los sucesos de aquella noche.

Nos sentamos frente a frente, tomados de las manos, hablando de todo un poco y mientras me bebía un café con licor, observaba su mirada nocturna, femenina y brillante como la luna misma...
Estaba absorto en su mirada cuando las palabras, como puñales rompieron el silencio de mi mente:
- Estaba pensando, y creo que lo mejor es que los dos nos demos un tiempo.
Dijo ella con titubeos entre cada palabra.
Después de la bomba.. el caos.. A esa frase siguió un silencio. Tras el silencio, un ruido sórdido, complejo, aturdidor, infinito.
Bla bla bla bla bla.. explicación tras explicación, de algo que no podía ser más obvio. Palabras que tenían como objetivo hacer más llevadero el dolor, pero que no tenían sentido para mi.
- Te entiendo, y no hay problema.. tómate el tiempo que quieras- Dije con la convicción de que sería lo mejor para ella, pero no para mi.

Aún faltaba algo por decir. Era un te quiero en forma de carta de amor, que debía ser entregado. Era el pensamiento que me invadía. La carta se había convertido en un adorno ridículo. Todo, absolutamente todo estaba dicho en una frase de ella. La carta no podría cambiar nada, no podría retrasar lo inevitable. Era un absurdo, era lo que es la palabra cuando deja de cobrar sentido.. Era la nada! Pero la nada debía ser entregada.. para no conducir al vacío terrible de la angustia, para no dejar lugar a la duda saltarina que tantos estragos hace en la cabeza. "¿Qué hubiera pasado si se la hubiera entregado?"

Al final, me armé de valor y dije:
- Yo quería entregarte esto-
Le entregué el sobre. Después, la despedida.
- Yo te acompaño hasta tu casa-
Y nuevamente, el silencio que se apoderó de todos los rincones del taxi. Y luego, rumbo a mi casa, solo, con ganas de beberme cualquier cosa que tuviera licor, de embriagarme para ahogar las penas, ignorante de que a veces éstas no es que sepan nadar, sino que necesitan mucho licor para ahogarse..
El tiempo pasó, los días, los meses y los años, borraron las heridas que dejó el pasado. Sin embargo, aún no he vuelto a hacer una carta de amor. La he intentado por varios medios, a mano, en computador.. Pero no ha habido forma de llevarlas a algún final.
Quizás, lo doloroso y lo triste de esta historia explique, solo en parte, por que solo en mi vida ha existido una y solo una carta de amor.

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